Fuente:Sur
Por Federico Bernal
Una pieza más en el tablero económico
31-01-2010 / Periodista de Buenos Aires Económico
Recordará el lector el caso de La California durante el gobierno de Juan Perón, en 1955. Entonces, y con el objetivo de sustituir las importaciones de petróleo que desde hacía años venían golpeando la balanza comercial argentina, resultaba obligado aumentar su producción doméstica. La continuidad del modelo peronista dependía en gran parte de este objetivo; Perón lo supo y tomó cartas en el asunto. ¿Quién se haría cargo de disparar la producción de crudo nacional? Producto del desgaste y lo obsoleto de su maquinaria, sumado a más de un lustro de bloqueos estadounidenses en materia de importación de nuevos equipos, YPF no estaba en condiciones de hacerlo por sí sola. Fue así que el Gobierno nacional decidió firmar un anteproyecto con la empresa estadounidense La California. La reacción no se hizo esperar: socialistas, comunistas y progresistas –en consonancia con el conservadurismo histórico– se opusieron tenazmente a la medida, olvidando una cuestión fundamental cuando de políticas y convenios se trata: a la hora de sus respectivos análisis, clave a su vez para saber de qué lado ubicarse, no se puede desligar el carácter del gobierno de turno que las implementa ni de las condiciones políticas, económicas y sociales imperantes, y mucho menos de la correlación de fuerzas con el enemigo histórico de la Patria. Claro está que para los socialistas de Nicolás Repetto, los comunistas de Vittorio Codovilla y los conservadores de siempre, Perón no era sinónimo de gobierno nacional y popular. Aquella historia fue otra con respecto a los contratos firmados entre 1976 y hasta la privatización de YPF.
¿Dónde radican las diferencias? Justamente en la naturaleza del gobierno que controla la política
nacional, sus objetivos económicos, el modelo de país perseguido y, fundamentalmente, los resultados brindados por la realidad.
En sintonía con lo expuesto, el análisis alrededor de la creación del
Fondo del Bicentenario transita por igual camino. En primer lugar, éste
no podrá entenderse divorciado de la evaluación de los logros en
materia de política económica alcanzados por el kirchnerismo. Y en
segundo lugar, tampoco podrá explicárselo ni valorarlo correcta y
justamente, si se desentiende del rechazo que dicho Fondo produjo en
las fuerzas neoliberales locales y foráneas, así como en sus
expresiones de izquierda. Analicemos sucintamente el primer punto.
El Fondo del Bicentenario es en realidad una pieza más en el tablero de
la política económica del Gobierno nacional. Entre sus antecedentes más
estrechamente vinculados podemos citar: 1) la quita de deuda (de
171.000 millones de dólares de deuda acumulada en 2004 a 113.000
millones en 2005); 2) la cancelación de la deuda con el FMI, en 2006;
3) las exitosas políticas de canje (74% de los bonistas aceptaron la
propuesta); 4) la normalización del vínculo con el FMI, en 2009; 5) las
medidas para frenar la fuga de capitales, a partir de mediados del
2009, y 6) el Fondo del Bicentenario propiamente dicho y las nuevas
propuestas de canje. Visto que el Fondo de 6.569 millones de dólares de
reservas monetarias del Banco Central fue creado a los efectos de
generar certidumbre y credibilidad en los mercados internacionales,
esto es, producir las mejores condiciones (menores tasas de interés y
reducción del monto absoluto de deuda a pagar) en el proceso de
desendeudamiento de la Argentina, el Fondo se encuentra íntimamente
ligado a la consolidación, por un lado, de un Estado solvente, poderoso
y protagónico, y por el otro, de un sector privado igualmente solvente
y poderoso, volcado a la inversión productiva al verse beneficiado y
potenciado su acceso a los mercados financieros (mejores plazos y
condiciones de pago) por ese mismo Fondo.
Se podrá estar de acuerdo o no en la conveniencia de pagar la deuda,
pero lo cierto es que la deuda externa pública como porcentaje del PBI
está en su punto más bajo desde 1990, que la deuda externa ha
retrocedido a los valores de 1997 y que las reservas internacionales
son las más altas de la historia y un 780% superiores que las de 1990.
El Fondo del Bicentenario no se pensó para quebrar la política
económica implementada desde el 2003, sino para profundizarla. A
propósito conviene recordar que entre ese año y el primer trimestre de
2008, la Argentina experimentó un proceso de desarrollo socioeconómico
notable. Registró tasas de crecimiento del PBI promedio del orden del
8,5% (según datos del FMI), convirtiéndose en el segundo de mayor
crecimiento económico del mundo detrás de China y el primero de América
latina (más que duplicando el crecimiento de Brasil).
A modo de conclusión, tal vez resulte pertinente preguntarse si este
gobierno y el inmediato anterior, puso alguna vez en funcionamiento un
programa de ajuste económico. De 2003 a la fecha y sobre todo a partir
de la estatización de la Anses, de la fuerte presencia estatal en el
sector agrario con la Oncca y con la continuidad de las retenciones a
las exportaciones de productos y subproductos agrícolas, el Estado
argentino ha recuperado su rol inversor, empresario y redistribuidor de
recursos como nunca antes en los últimos 60 años. Es en este marco que
debe analizarse e interpretarse la creación del Fondo. A quienes aún
descrean de la política económica nacional, las últimas declaraciones
de Martín Redrado al momento de presentar su renuncia podrán servir y
mucho para definirse. El ex del Banco Central frenó en 2006 la reforma
de su Carta Orgánica (original de 1992), se jactó de haber
obstaculizado la compra de Repsol-YPF con reservas del Banco, a colocar
títulos compulsivos al sistema financiero y hacer obras de
infraestructura. En realidad, Redrado y la autonomía del Banco Central
no son más que el instrumento de la oligarquía agropecuaria y la
burguesía rentista e improductiva para retornar al poder.
Oponerse al Fondo del Bicentenario es oponerse a la política económica
que ha puesto en pie de guerra a lo peor de la Argentina. Al igual que
con Perón en el caso de La California, no perder de vista la naturaleza
del gobierno de turno a la hora de decidir de qué lado colocarse,
impedirá contribuir con el socavamiento al poder de la presidenta
Cristina Fernández de Kirchner. Como entonces resultaba crucial cortar
con las importaciones de crudo para cimentar una economía sólida y
sostenible, hoy resulta igualmente crucial la defensa y el
fortalecimiento de la política nacional de desendeudamiento, pilar de
una Argentina económicamente autónoma y soberana.
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